domingo, 3 de agosto de 2014

Capitulo 14


Las puntuaciones 

 Harry vio a los cuidadores de los dragones apresurándose para reducir al colacuerno; y a la profesora McGonagall, el profesor Moody y Hagrid, que iban a toda prisa a su encuentro desde la puerta del cercado, haciéndole señas para que se acercara. Aun desde la distancia distinguía claramente sus sonrisas. Voló sobre las gradas, con el ruido de la multitud retumbándole en los tímpanos, y aterrizó con suavidad, con una felicidad que no había sentido desde hacia semanas. Había pasado la primera prueba, estaba vivo...

—¡Dragones! —exclamó en tono de indignación, tirando de Harry hacia
dentro.
La tienda estaba dividida en cubículos. A través de la tela, Harry distinguió la sombra de Cedric, que no parecía seriamente herido, por lo menos a juzgar
por el hecho de que estaba sentado. La señora Pomfrey examinó el hombro de tiempo.
—El año pasado dementores, este año dragones... ¿Qué traerán al colegio el año que viene? Has tenido mucha suerte: sólo es superficial. Pero te la tendré que limpiar antes de curártela.
Limpió la herida con un poquito de líquido púrpura que echaba humo y escocía, pero luego le dio un golpecito con la varita mágica y la herida se cerró al instante.
—Ahora quédate sentado y quieto durante un minuto. ¡Sentado! Luego podrás ir a ver tu puntuación. —Salió aprisa del cubículo, y la oyó entrar en el contiguo y preguntar—: ¿Qué tal te encuentras ahora, Diggory?
Harry no podía quedarse quieto: estaba aún demasiado cargado de adrenalina. Se puso de pie para asomarse a la puerta, pero antes de que llegara a ella entraron dos personas a toda prisa: Hermione e, inmediatamente detrás de ella, Ron.
—¡Harry, has estado genial! —le dijo Hermione con voz chillona. Tenía marcas de uñas en la cara, donde se había apretado del miedo—.
 ¡Alucinante! ¡De verdad!- dijo _____
Pero Harry miraba a Ron, que estaba muy blanco y miraba a su vez a Harry como si éste fuera un fantasma.
—Harry —dijo Ron muy serio—, quienquiera que pusiera tu nombre en el cáliz de fuego, creo que quería matarte.
Fue como si las últimas semanas no hubieran existido, como si Harry viera a Ron por primera vez después de haber sido elegido campeón.
—Lo has comprendido, ¿eh? —contestó Harry fríamente—. Te ha costado trabajo.
Hermione y _____ estaban entre ellos, nerviosas, paseando la mirada de uno a otro. Ron abrió la boca con aire vacilante. Harry se dio cuenta de que quería disculparse y comprendió que no necesitaba oír las excusas.
—Está bien —dijo, antes de que Ron hablara—. Olvídalo.
—No —replicó Ron—. Yo no debería haber...
—¡Olvídalo!
Ron le sonrió nerviosamente, y Harry le devolvió la sonrisa.
Hermione , de pronto, se echó a llorar.
—¡No hay por qué llorar! —le dijo _______, desconcertado.
—¡Sois tan tontos los dos! —gritó ella, dando una patada en el suelo al
tiempo que le caían las lágrimas. Luego, antes de que pudieran detenerla, les dio a los tres en  un abrazo y se fue corriendo, esta vez gritando de alegría.
—¡Cómo se pone! —comentó Ron, negando con la cabeza—. Vamos, Harry, ______, están a punto de darte la puntuación.
Cogiendo el huevo de oro y la Saeta de Fuego, más eufórico de lo que una hora antes hubiera creído posible, Harry salió de la tienda, con Ron a su lado, hablando sin parar.
—Has sido el mejor, ni punto de comparación. Cedric hizo una cosa bastante rara: transformó una roca en un perro labrador, para que el dragón atacara al perro y se olvidara de él. La transformación estuvo bastante bien, y al final funcionó, porque consiguió coger el huevo, pero tam bién se llevó una buena quemadura porque el dragón cam bió de opinión de repente y decidió que le interesaba más Diggory que el labrador. Escapó por los pelos. Y Fleur intentó un tipo de encantamiento... Creo que quería ponerlo en trance, o algo
así. El caso es que funcionó, se quedó como dormido, pero de repente roncó y echó un buen chorro de fuego. Se le prendió la falda. La apagó echando agua por la varita. Y en cuanto a Krum... no lo vas a creer, pero no se le ocurrió la posibilidad de volar. Sin embargo, creo que después de ti es el que mejor lo ha
hecho. Utilizó algún tipo de embrujo que le lanzó a los ojos. El problema fue que el dragón empezó a tambalearse y aplastó la mitad de los huevos de verdad. Le han quitado puntos por eso, porque se suponía que no tenía que causar ningún daño.
Ron tomó aire al llegar con Harry hasta el cercado. Retirado el colacuerno, Harry fue capaz de ver dónde estaban sentados los jueces: justo al otro extremo, en elevados asientos forrados de color oro.
—Cada uno da una puntuación sobre diez—le explicó Ron. Entornando los ojos, Harry vio a Madame Máxime, la primera del tribunal, evantar la varita, de la que salió lo que parecía una larga cinta de plata que se retorcía formando un ocho.
—¡No está mal! —dijo Ron mientras la multitud aplaudía—. Supongo que te ha bajado algo por lo del hombro... A continuación le tocó al señor Crouch, que proyectó en el aire un nueve.
—¡Qué bien! —gritó ______, dándole a Harry un golpecito en la espalda.
Luego le tocaba a Dumbledore. También él proyectó un nueve, y la
multitud vitoreó más fuerte que antes.
Ludo Bagman: un diez.
—¿Un diez? —preguntó Harry extrañado—. ¿Y la herida? ¿Por qué me pone un diez?
—¡No te quejes, Harry! —exclamó Ron emocionado.
Y entonces Karkarov levantó la varita. Se detuvo un momento, y luego
proyectó en el aire otro número: un cuatro.

—¿Qué? —chilló _____ furiosa—. ¿Un cuatro? ¡Cerdo partidista y piojoso, a
Krum le diste un diez!
Pero a Harry no le importaba. No le hubiera importado aunque Karkarov le hubiera dado un cero.
Los de Gryffindor no eran los únicos que vitoreaban entre la multitud. A la hora de la verdad, cuando vieron a lo que se enfrentaba, la mayoría del colegio había estado de su parte, tanto como de la de Cedric. En cuanto a los de Slytherin, le daba igual: ya se sentía con fuerza para enfrentarse a ellos.
—¡Estáis empatados en el primer puesto, Harry! ¡Krum y tú! —le dijo Charlie Weasley, precipitándose a su encuentro cuando volvían para el colegio—. Me voy corriendo. Tengo que llegar para enviarle una lechuza a
mamá; le prometí que le contaría lo que había sucedido. ¡Pero es que ha sido increíble! Ah, sí... me ordenaron que te dijera que tienes que esperar unos minutos. Bagman os quiere decir algo en la tienda de los campeones.
Ron y _______ dijeron que lo esperaría, de forma que Harry volvió a entrar en la tienda,
que esta vez le pareció completamente distinta: acogedora y agradable. Recordó cómo se había sentido esquivando al colacuerno y lo comparó a la larga espera antes de salir... No había comparación posible: la espera había sido infinitamente peor.
Fleur, Cedric y Krum entraron juntos.
Cedric tenía un lado de la cara cubierto de una pasta espesa de color
naranja, que presumiblemente le estaba curando la quemadura. Al verlo, sonrió y le dijo:
—¡Lo has hecho muy bien, Harry!
—Y tú —dijo Harry, devolviéndole la sonrisa.



jueves, 24 de abril de 2014

Capitulo 13




La primera prueba






No quedaba demasiado para la primera prueba, Hermione obligo a Harry a escribir una carta a Sirius sobre lo que pasaba en Hogwarts.

Mientras que yo me pasaba los día en los patio leyendo libros y viendo como el tiempo se volvía más y más frío.

-¿Qué haces?- una voz dijo a mis espaldas, me asuste ya que no le había escuchado llegar.
-Leer, ¿no es obvio?- dije
-Sí, es obvio, pero ¿qué haces aquí fuera? hace mucho frío, cogerás un resfriado- dijo
-Puede, pero es problema mio- dije un poco molesta.
-Tranquila, solo te lo digo por que me preo... bah déjalo, has lo que quieras-
-Lo siento- me levante- no quería ser borde ni condescendiente,  es que todo lo de las pruebas y prácticamente todo me pone de los nervios- ¿Por qué le contaba lo que me pasaba a Draco Malfoy?.
-Es normal que estés nerviosa tú mejor amigo pasara una prueba de vida o muerte-
-Sí, y ¿tú que haces aquí fuera?-
-Pues pasear, ya sabes dar un paseo- dijo, se le notaba un poco nervioso.
-Ah, lo suponía- reímos.

Estas últimas semanas las he pasado más sola que con los chicos, Harry me contó que fue con Hagrid de paseo y descubrió de que se trataba la primera prueba... Dragones.

-¿Como es posible?, !Dragones¡- dije, Harry me tapo la boca.
-Se supone que nadie lo sabe ____-
-Lo siento, pero ¿están locos?, los dragones son muy peligrosos-
-Lo sé, y no se que hacer, he estado yendo a una clases privadas con Moody, y según el lo mejor que hago es volar-
-Pero no te dejarán llevar tú escoba-
-Lo sé, pero debe haber algún hechizo para conseguir algo que vuela-
-Puedes hacer dos cosas-
-¿Cuales? -dijo el muy interesado.
-Puedes transformar una roca en una escoba, la profesora Mcgonagall estaría muy orgullosa de ti-
-ja, ja, sabes que transformaciones no es lo mio, ¿cual es la segunda opción?
-Accio- dije
-¿Accio?, ¿Ese no es el hechizo que estuvimos practicando en Encantamientos?
-Ese es- dije con una sonrisa.
-Pero ____ , ese hechizo a mi no me sale-
-Pues creo que tenemos que empezar a practicar, hablare con Hermione para que nos ayude-
-No se que haría sin vosotras dos-
-Morir, Potter- reímos.

-Vamos, Harry ya casi te sale- dijo Hermione
-Sí, venga Potter, tú puedes-
-Accio- dijo y el cojín vino directo a sus mano, Hermione y yo saltamos de alegría, llevábamos horas practicando y eso solo por ese día.
-Creo que ahora podrías hacerlo con algo más grande- dijo Hermione emocionada.
-!NO¡- dijimos Harry y yo.
-Herms, estamos agotados y seguramente tú también, así que ahora saldremos y nos iremos a nuestras habitaciones a dormir-
-Esta bien, pero mañana seguimos-
-Sí, Herms-

Y fue así como pasamos el tiempo que quedaba para la primera prueba, la tensión se notaba el ambiente, se palpaba.

-¿Estas listo? - Le pregunte
-Para enfrentarme con un dragon, no, pero para poder volar sí-
-Eso esta bien, algo es algo-

Macgonagall se llevo a Harry con los otros campeones a la tienda, Hermione, Ron y yo subimos a las gradas para sentarnos junto a Fred y George, y suena el primer cañonazo y sale Fleur.

Narra escritora.


—¡Muy osado! —gritaba Bagman, y Harry oyó al bola de fuego chino
proferir un bramido espantoso, mientras la multitud contenía la respiración,
como si fueran uno solo—. ¡La verdad es que está mostrando valor y, sí
señores, acaba de coger el huevo!
El aplauso resquebrajó el aire invernal como si fuera una copa de cristal
fino. Krum había acabado, y aquél sería el turno de Harry.
Se levantó, notando apenas que las piernas parecían de merengue.
Aguardó. Y luego oyó el silbato. Salió de la tienda, sintiendo cómo el pánico se
apoderaba rápidamente de todo su cuerpo. Pasó los árboles y penetró en el
cercado a través de un hueco.Lo vio todo ante sus ojos como si se tratara de un sueño de colores muy
vivos.  Desde las gradas que por arte de magia habían puesto después del sábado lo miraban cientos y cientos de rostros. Y allí, al otro lado del cercado, estaba el colacuerno agachado sobre la nidada, con las alas medio desplegadas y mirándolo con sus malévolos ojos amarillos, como un lagarto
monstruoso cubierto de escamas negras, sacudiendo la cola llena de pinchos y abriendo surcos de casi un metro en el duro suelo. La multitud gritaba muchísimo, pero Harry ni sabía ni le preocupaba si eran gritos de apoyo o no. Era el momento de hacer lo que tenía que hacer: concentrarse, entera y absolutamente, en lo que constituía su única posibilidad.
Levantó la varita.
—¡Accio Saeta de Fuego! —gritó.
Aguardó, confiando y rogando con todo su ser. Si no funcionaba, si la escoba no acudía... Le parecía verlo todo a través de una extraña barrera transparente y reluciente, como una calima que hacía que el cercado y los cientos de rostros que había a su alrededor flotaran de forma extraña... Y entonces la oyó atravesando el aire tras él. Se volvió y vio la Saeta de Fuego volar hacia allí por el borde del bosque, descender hasta el cercado y detenerse en el aire, a su lado, esperando que la montara. La multitud alborotaba aún más... Bagman gritaba algo... pero los oídos de Harry ya no funcionaban bien, porque oír no era importante...
Pasó una pierna por encima del palo de la escoba y dio una patada en el suelo para elevarse. Un segundo más tarde sucedió algo milagroso. Al elevarse y sentir el azote del aire en la cara, al convertirse los rostros de los espectadores en puntas de alfiler de color carne y al encogerse el colacuerno hasta adquirir el tamaño de un perro, comprendió que allá abajo no había dejado únicamente la tierra, sino también el miedo: por fin estaba en su elemento.
Aquello era sólo otro partido de quidditch... nada más, y el colacuerno era simplemente el equipo enemigo...
Miró la nidada, y vio el huevo de oro brillando en medio de los demás huevos de color cemento, bien protegidos entre las patas delanteras del dragón.
«Bien —se dijo Harry a sí mismo—, tácticas de distracción. Adelante.»
Descendió en picado. El colacuerno lo siguió con la cabeza. Sabía lo que el dragón iba a hacer, y justo a tiempo frenó su descenso y se elevó en el aire. Llegó un chorro de fuego justo al lugar en que se habría encontrado si no hubiera dado un viraje en el último instante... pero a Harry no le preocupó: era
lo mismo que esquivar una bludger.
—¡Cielo santo, vaya manera de volar! —vociferó Bagman, entre los gritos de la multitud—. ¿Ha visto eso, señor Krum?
Harry se elevó en círculos. El colacuerno seguía siempre su recorrido, girando la cabeza sobre su largo cuello. Si continuaba así, se marearía, pero era mejor no abusar o volvería a echar fuego. Harry se lanzó hacia abajo justo cuando el dragón abría la boca, pero esta vez tuvo menos suerte. Esquivó las llamas, pero la cola de la bestia se alzó hacia él, y al virar a la izquierda uno de los largos pinchos le raspó el hombro.
La túnica quedó desgarrada. Le escocía. La multitud gritaba, pero la herida no parecía profunda.
Sobrevoló la espalda del colacuerno y se le ocurrió una posibilidad...El dragón no parecía dispuesto a moverse del sitio: tenía demasiado afán por proteger los huevos. Aunque retorcía la cabeza y plegaba y desplegaba las alas sin apartar de Harry sus terribles ojos amarillos, era evidente que temía apartarse demasiado de sus crías. Así pues, tenía que persuadirlo de que lo hiciera, o de lo contrario nunca podría apoderarse del huevo de oro. El truco estaba en hacerlo con cuidado, poco a poco. Empezó a volar, primero por un lado, luego por el otro, no demasiado cerca para evitar que echara fuego por la boca, pero arriesgándose todo lo necesario para asegurarse de que la bestia no le quitaba los ojos de encima. La cabeza del dragón se balanceaba a un lado y a otro, mirándolo por aquellas pupilas verticales, enseñándole los colmillos... Remontó un poco el vuelo. La cabeza del dragón se elevó con él, alargando el cuello al máximo y sin dejar de balancearse como una serpiente ante el encantador. Harry se elevó un par de metros más, y el dragón soltó un bramido de exasperación. Harry era como una mosca para él, una mosca que ansiaba aplastar. Volvió a azotar con la cola, pero Harry estaba demasiado alto para alcanzarlo. Abriendo las fauces, echó una bocanada de fuego... que él consiguió esquivar.
—¡Vamos! —lo retó Harry en tono burlón, virando sobre el dragón para provocarlo—. ¡Vamos, ven a atraparme...! Levántate, vamos... La enorme bestia se alzó al fin sobre las patas traseras y extendió las
correosas alas negras, tan anchas como las de una avioneta, y Harry se lanzó en picado. Antes de que el dragón comprendiera lo que Harry estaba haciendo ni dónde se había metido, éste iba hacia el suelo a toda velocidad, hacia los huevos por fin desprotegidos. Soltó las manos de la Saeta de Fuego... y cogió  el huevo de oro.