Las puntuaciones
Harry vio a los cuidadores de los dragones apresurándose para reducir al colacuerno; y a la profesora McGonagall, el profesor Moody y Hagrid, que iban a toda prisa a su encuentro desde la puerta del cercado, haciéndole señas para que se acercara. Aun desde la distancia distinguía claramente sus sonrisas. Voló sobre las gradas, con el ruido de la multitud retumbándole en los tímpanos, y aterrizó con suavidad, con una felicidad que no había sentido desde hacia semanas. Había pasado la primera prueba, estaba vivo...
—¡Dragones! —exclamó en tono de indignación, tirando de Harry hacia
dentro.
La tienda estaba dividida en cubículos. A través de la tela, Harry distinguió la sombra de Cedric, que no parecía seriamente herido, por lo menos a juzgar
por el hecho de que estaba sentado. La señora Pomfrey examinó el hombro de tiempo.
—El año pasado dementores, este año dragones... ¿Qué traerán al colegio el año que viene? Has tenido mucha suerte: sólo es superficial. Pero te la tendré que limpiar antes de curártela.
Limpió la herida con un poquito de líquido púrpura que echaba humo y escocía, pero luego le dio un golpecito con la varita mágica y la herida se cerró al instante.
—Ahora quédate sentado y quieto durante un minuto. ¡Sentado! Luego podrás ir a ver tu puntuación. —Salió aprisa del cubículo, y la oyó entrar en el contiguo y preguntar—: ¿Qué tal te encuentras ahora, Diggory?
Harry no podía quedarse quieto: estaba aún demasiado cargado de adrenalina. Se puso de pie para asomarse a la puerta, pero antes de que llegara a ella entraron dos personas a toda prisa: Hermione e, inmediatamente detrás de ella, Ron.
—¡Harry, has estado genial! —le dijo Hermione con voz chillona. Tenía marcas de uñas en la cara, donde se había apretado del miedo—.
¡Alucinante! ¡De verdad!- dijo _____
Pero Harry miraba a Ron, que estaba muy blanco y miraba a su vez a Harry como si éste fuera un fantasma.
—Harry —dijo Ron muy serio—, quienquiera que pusiera tu nombre en el cáliz de fuego, creo que quería matarte.
Fue como si las últimas semanas no hubieran existido, como si Harry viera a Ron por primera vez después de haber sido elegido campeón.
—Lo has comprendido, ¿eh? —contestó Harry fríamente—. Te ha costado trabajo.
Hermione y _____ estaban entre ellos, nerviosas, paseando la mirada de uno a otro. Ron abrió la boca con aire vacilante. Harry se dio cuenta de que quería disculparse y comprendió que no necesitaba oír las excusas.
—Está bien —dijo, antes de que Ron hablara—. Olvídalo.
—No —replicó Ron—. Yo no debería haber...
—¡Olvídalo!
Ron le sonrió nerviosamente, y Harry le devolvió la sonrisa.
Hermione , de pronto, se echó a llorar.
—¡No hay por qué llorar! —le dijo _______, desconcertado.
—¡Sois tan tontos los dos! —gritó ella, dando una patada en el suelo al
tiempo que le caían las lágrimas. Luego, antes de que pudieran detenerla, les dio a los tres en un abrazo y se fue corriendo, esta vez gritando de alegría.
—¡Cómo se pone! —comentó Ron, negando con la cabeza—. Vamos, Harry, ______, están a punto de darte la puntuación.
Cogiendo el huevo de oro y la Saeta de Fuego, más eufórico de lo que una hora antes hubiera creído posible, Harry salió de la tienda, con Ron a su lado, hablando sin parar.
—Has sido el mejor, ni punto de comparación. Cedric hizo una cosa bastante rara: transformó una roca en un perro labrador, para que el dragón atacara al perro y se olvidara de él. La transformación estuvo bastante bien, y al final funcionó, porque consiguió coger el huevo, pero tam bién se llevó una buena quemadura porque el dragón cam bió de opinión de repente y decidió que le interesaba más Diggory que el labrador. Escapó por los pelos. Y Fleur intentó un tipo de encantamiento... Creo que quería ponerlo en trance, o algo
así. El caso es que funcionó, se quedó como dormido, pero de repente roncó y echó un buen chorro de fuego. Se le prendió la falda. La apagó echando agua por la varita. Y en cuanto a Krum... no lo vas a creer, pero no se le ocurrió la posibilidad de volar. Sin embargo, creo que después de ti es el que mejor lo ha
hecho. Utilizó algún tipo de embrujo que le lanzó a los ojos. El problema fue que el dragón empezó a tambalearse y aplastó la mitad de los huevos de verdad. Le han quitado puntos por eso, porque se suponía que no tenía que causar ningún daño.
Ron tomó aire al llegar con Harry hasta el cercado. Retirado el colacuerno, Harry fue capaz de ver dónde estaban sentados los jueces: justo al otro extremo, en elevados asientos forrados de color oro.
—Cada uno da una puntuación sobre diez—le explicó Ron. Entornando los ojos, Harry vio a Madame Máxime, la primera del tribunal, evantar la varita, de la que salió lo que parecía una larga cinta de plata que se retorcía formando un ocho.
—¡No está mal! —dijo Ron mientras la multitud aplaudía—. Supongo que te ha bajado algo por lo del hombro... A continuación le tocó al señor Crouch, que proyectó en el aire un nueve.
—¡Qué bien! —gritó ______, dándole a Harry un golpecito en la espalda.
Luego le tocaba a Dumbledore. También él proyectó un nueve, y la
multitud vitoreó más fuerte que antes.
Ludo Bagman: un diez.
—¿Un diez? —preguntó Harry extrañado—. ¿Y la herida? ¿Por qué me pone un diez?
—¡No te quejes, Harry! —exclamó Ron emocionado.
Y entonces Karkarov levantó la varita. Se detuvo un momento, y luego
proyectó en el aire otro número: un cuatro.
—¿Qué? —chilló _____ furiosa—. ¿Un cuatro? ¡Cerdo partidista y piojoso, a
Krum le diste un diez!
Pero a Harry no le importaba. No le hubiera importado aunque Karkarov le hubiera dado un cero.
Los de Gryffindor no eran los únicos que vitoreaban entre la multitud. A la hora de la verdad, cuando vieron a lo que se enfrentaba, la mayoría del colegio había estado de su parte, tanto como de la de Cedric. En cuanto a los de Slytherin, le daba igual: ya se sentía con fuerza para enfrentarse a ellos.
—¡Estáis empatados en el primer puesto, Harry! ¡Krum y tú! —le dijo Charlie Weasley, precipitándose a su encuentro cuando volvían para el colegio—. Me voy corriendo. Tengo que llegar para enviarle una lechuza a
mamá; le prometí que le contaría lo que había sucedido. ¡Pero es que ha sido increíble! Ah, sí... me ordenaron que te dijera que tienes que esperar unos minutos. Bagman os quiere decir algo en la tienda de los campeones.
Ron y _______ dijeron que lo esperaría, de forma que Harry volvió a entrar en la tienda,
que esta vez le pareció completamente distinta: acogedora y agradable. Recordó cómo se había sentido esquivando al colacuerno y lo comparó a la larga espera antes de salir... No había comparación posible: la espera había sido infinitamente peor.
Fleur, Cedric y Krum entraron juntos.
Cedric tenía un lado de la cara cubierto de una pasta espesa de color
naranja, que presumiblemente le estaba curando la quemadura. Al verlo, sonrió y le dijo:
—¡Lo has hecho muy bien, Harry!
—Y tú —dijo Harry, devolviéndole la sonrisa.
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