jueves, 24 de abril de 2014

Capitulo 13




La primera prueba






No quedaba demasiado para la primera prueba, Hermione obligo a Harry a escribir una carta a Sirius sobre lo que pasaba en Hogwarts.

Mientras que yo me pasaba los día en los patio leyendo libros y viendo como el tiempo se volvía más y más frío.

-¿Qué haces?- una voz dijo a mis espaldas, me asuste ya que no le había escuchado llegar.
-Leer, ¿no es obvio?- dije
-Sí, es obvio, pero ¿qué haces aquí fuera? hace mucho frío, cogerás un resfriado- dijo
-Puede, pero es problema mio- dije un poco molesta.
-Tranquila, solo te lo digo por que me preo... bah déjalo, has lo que quieras-
-Lo siento- me levante- no quería ser borde ni condescendiente,  es que todo lo de las pruebas y prácticamente todo me pone de los nervios- ¿Por qué le contaba lo que me pasaba a Draco Malfoy?.
-Es normal que estés nerviosa tú mejor amigo pasara una prueba de vida o muerte-
-Sí, y ¿tú que haces aquí fuera?-
-Pues pasear, ya sabes dar un paseo- dijo, se le notaba un poco nervioso.
-Ah, lo suponía- reímos.

Estas últimas semanas las he pasado más sola que con los chicos, Harry me contó que fue con Hagrid de paseo y descubrió de que se trataba la primera prueba... Dragones.

-¿Como es posible?, !Dragones¡- dije, Harry me tapo la boca.
-Se supone que nadie lo sabe ____-
-Lo siento, pero ¿están locos?, los dragones son muy peligrosos-
-Lo sé, y no se que hacer, he estado yendo a una clases privadas con Moody, y según el lo mejor que hago es volar-
-Pero no te dejarán llevar tú escoba-
-Lo sé, pero debe haber algún hechizo para conseguir algo que vuela-
-Puedes hacer dos cosas-
-¿Cuales? -dijo el muy interesado.
-Puedes transformar una roca en una escoba, la profesora Mcgonagall estaría muy orgullosa de ti-
-ja, ja, sabes que transformaciones no es lo mio, ¿cual es la segunda opción?
-Accio- dije
-¿Accio?, ¿Ese no es el hechizo que estuvimos practicando en Encantamientos?
-Ese es- dije con una sonrisa.
-Pero ____ , ese hechizo a mi no me sale-
-Pues creo que tenemos que empezar a practicar, hablare con Hermione para que nos ayude-
-No se que haría sin vosotras dos-
-Morir, Potter- reímos.

-Vamos, Harry ya casi te sale- dijo Hermione
-Sí, venga Potter, tú puedes-
-Accio- dijo y el cojín vino directo a sus mano, Hermione y yo saltamos de alegría, llevábamos horas practicando y eso solo por ese día.
-Creo que ahora podrías hacerlo con algo más grande- dijo Hermione emocionada.
-!NO¡- dijimos Harry y yo.
-Herms, estamos agotados y seguramente tú también, así que ahora saldremos y nos iremos a nuestras habitaciones a dormir-
-Esta bien, pero mañana seguimos-
-Sí, Herms-

Y fue así como pasamos el tiempo que quedaba para la primera prueba, la tensión se notaba el ambiente, se palpaba.

-¿Estas listo? - Le pregunte
-Para enfrentarme con un dragon, no, pero para poder volar sí-
-Eso esta bien, algo es algo-

Macgonagall se llevo a Harry con los otros campeones a la tienda, Hermione, Ron y yo subimos a las gradas para sentarnos junto a Fred y George, y suena el primer cañonazo y sale Fleur.

Narra escritora.


—¡Muy osado! —gritaba Bagman, y Harry oyó al bola de fuego chino
proferir un bramido espantoso, mientras la multitud contenía la respiración,
como si fueran uno solo—. ¡La verdad es que está mostrando valor y, sí
señores, acaba de coger el huevo!
El aplauso resquebrajó el aire invernal como si fuera una copa de cristal
fino. Krum había acabado, y aquél sería el turno de Harry.
Se levantó, notando apenas que las piernas parecían de merengue.
Aguardó. Y luego oyó el silbato. Salió de la tienda, sintiendo cómo el pánico se
apoderaba rápidamente de todo su cuerpo. Pasó los árboles y penetró en el
cercado a través de un hueco.Lo vio todo ante sus ojos como si se tratara de un sueño de colores muy
vivos.  Desde las gradas que por arte de magia habían puesto después del sábado lo miraban cientos y cientos de rostros. Y allí, al otro lado del cercado, estaba el colacuerno agachado sobre la nidada, con las alas medio desplegadas y mirándolo con sus malévolos ojos amarillos, como un lagarto
monstruoso cubierto de escamas negras, sacudiendo la cola llena de pinchos y abriendo surcos de casi un metro en el duro suelo. La multitud gritaba muchísimo, pero Harry ni sabía ni le preocupaba si eran gritos de apoyo o no. Era el momento de hacer lo que tenía que hacer: concentrarse, entera y absolutamente, en lo que constituía su única posibilidad.
Levantó la varita.
—¡Accio Saeta de Fuego! —gritó.
Aguardó, confiando y rogando con todo su ser. Si no funcionaba, si la escoba no acudía... Le parecía verlo todo a través de una extraña barrera transparente y reluciente, como una calima que hacía que el cercado y los cientos de rostros que había a su alrededor flotaran de forma extraña... Y entonces la oyó atravesando el aire tras él. Se volvió y vio la Saeta de Fuego volar hacia allí por el borde del bosque, descender hasta el cercado y detenerse en el aire, a su lado, esperando que la montara. La multitud alborotaba aún más... Bagman gritaba algo... pero los oídos de Harry ya no funcionaban bien, porque oír no era importante...
Pasó una pierna por encima del palo de la escoba y dio una patada en el suelo para elevarse. Un segundo más tarde sucedió algo milagroso. Al elevarse y sentir el azote del aire en la cara, al convertirse los rostros de los espectadores en puntas de alfiler de color carne y al encogerse el colacuerno hasta adquirir el tamaño de un perro, comprendió que allá abajo no había dejado únicamente la tierra, sino también el miedo: por fin estaba en su elemento.
Aquello era sólo otro partido de quidditch... nada más, y el colacuerno era simplemente el equipo enemigo...
Miró la nidada, y vio el huevo de oro brillando en medio de los demás huevos de color cemento, bien protegidos entre las patas delanteras del dragón.
«Bien —se dijo Harry a sí mismo—, tácticas de distracción. Adelante.»
Descendió en picado. El colacuerno lo siguió con la cabeza. Sabía lo que el dragón iba a hacer, y justo a tiempo frenó su descenso y se elevó en el aire. Llegó un chorro de fuego justo al lugar en que se habría encontrado si no hubiera dado un viraje en el último instante... pero a Harry no le preocupó: era
lo mismo que esquivar una bludger.
—¡Cielo santo, vaya manera de volar! —vociferó Bagman, entre los gritos de la multitud—. ¿Ha visto eso, señor Krum?
Harry se elevó en círculos. El colacuerno seguía siempre su recorrido, girando la cabeza sobre su largo cuello. Si continuaba así, se marearía, pero era mejor no abusar o volvería a echar fuego. Harry se lanzó hacia abajo justo cuando el dragón abría la boca, pero esta vez tuvo menos suerte. Esquivó las llamas, pero la cola de la bestia se alzó hacia él, y al virar a la izquierda uno de los largos pinchos le raspó el hombro.
La túnica quedó desgarrada. Le escocía. La multitud gritaba, pero la herida no parecía profunda.
Sobrevoló la espalda del colacuerno y se le ocurrió una posibilidad...El dragón no parecía dispuesto a moverse del sitio: tenía demasiado afán por proteger los huevos. Aunque retorcía la cabeza y plegaba y desplegaba las alas sin apartar de Harry sus terribles ojos amarillos, era evidente que temía apartarse demasiado de sus crías. Así pues, tenía que persuadirlo de que lo hiciera, o de lo contrario nunca podría apoderarse del huevo de oro. El truco estaba en hacerlo con cuidado, poco a poco. Empezó a volar, primero por un lado, luego por el otro, no demasiado cerca para evitar que echara fuego por la boca, pero arriesgándose todo lo necesario para asegurarse de que la bestia no le quitaba los ojos de encima. La cabeza del dragón se balanceaba a un lado y a otro, mirándolo por aquellas pupilas verticales, enseñándole los colmillos... Remontó un poco el vuelo. La cabeza del dragón se elevó con él, alargando el cuello al máximo y sin dejar de balancearse como una serpiente ante el encantador. Harry se elevó un par de metros más, y el dragón soltó un bramido de exasperación. Harry era como una mosca para él, una mosca que ansiaba aplastar. Volvió a azotar con la cola, pero Harry estaba demasiado alto para alcanzarlo. Abriendo las fauces, echó una bocanada de fuego... que él consiguió esquivar.
—¡Vamos! —lo retó Harry en tono burlón, virando sobre el dragón para provocarlo—. ¡Vamos, ven a atraparme...! Levántate, vamos... La enorme bestia se alzó al fin sobre las patas traseras y extendió las
correosas alas negras, tan anchas como las de una avioneta, y Harry se lanzó en picado. Antes de que el dragón comprendiera lo que Harry estaba haciendo ni dónde se había metido, éste iba hacia el suelo a toda velocidad, hacia los huevos por fin desprotegidos. Soltó las manos de la Saeta de Fuego... y cogió  el huevo de oro.




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